La mesa al sol es la que todo el mundo quiere.
En verano pasas medio día buscando sombra. En invierno, giras la silla hacia la luz. Un jersey queda sobre el respaldo; llega el café; alguien decide que la comida puede esperar. Antes del mediodía, la isla ya te ha cambiado las prioridades.
Es una estación para mirar la tierra y los lugares que viven de ella: los almendros acercándose a la floración, las plazas, un puesto de mercado lleno de verduras, una cocina que prepara algo por lo que merece la pena entrar. El mar sigue siendo magnífico. Ya no tiene que sostener él solo todas las vacaciones.







